Susie Gadea: La conexión, el centro y el espacio de la pintura
Conexión, ser el viento, volar a la luz es el recorrido que nos muestra Susie Gadea en esta expo-individual que llamamos así por motivos convencionales, pero que para la autora-artista es más que eso. Lo que nos muestra Susie Gadea es una visión del ser diseminado en el espacio de la pintura. Una transformación de la memoria pre-óntica esencializada en la tela, en ese soporte de la memoria poético-visual.
La lectura de simbolismos abstractos y tramaduras de sentido crea, produce la suplencia que valida en su espesor lo que se propone: rescatar el centro, la luz perdida del ser. ¿Diseminación de una huella? ¿Metarrelato óntico? ¿Despertar del nacimiento? Más bien renuncia y vuelta contradictoria a los orígenes. Lo que no evade la artista es la transgresión, la necesidad del infinito politrópico, vertido en la tela y, fundamentalmente, en el espacio de esta conexión constituida como centro, luz, y vuelo.
Para Susie Gadea el espacio no es solamente componente de la pintura, sino, conjunción de centro y materia en su impulso de visión y significación de la forma. Así, desde el punto de vista pictórico, el cuadro posee una función tópica reveladora, pero además, el mismo, dice, pronuncia su significación de superficie y profundidad.
Lo que se revela como forma-sentido en esta conjunción pictórica es su propia logística perceptiva y sensorial. El mundo de Susie Gadea es un cuadro con variaciones que, como en la pintura china antigua, se reconoce en una memoria conciencial desde la dialéctica del vacío y la plenitud, tal como nos muestra Francais Cheng (1993). El cuadro único se convierte en su revelación, en un conjunto perfilado de secuencias pictóricas unificadas en el eje de contenido y exprexión del cuadro único y total que el la suma macro-escópica de todos los cuadros.
De ahí que también el concepto de mise in abîme se perfile como centro temático y formal de su pintura, habida cuenta de la asimilación de elementos arquetipales reconocidos en la tramadura de superficie y profundidad del cuadro.
No sabemos aún por qué Susie Gadea demifica en estos textos pictóricos el concepto mismo de pintura. Lo cierto es que desde su particular modo de tratar los elementos específicos del lenguaje visual, instituye su dimensión escópica de la pintura, justificada por un marco expresivo unificado.
Lo que se instituye como cuerpo-símbolo dematerializado asimila también todo un movimiento relevante de los signos emergentes de la pintura, de tal manera que, el orden del cuadro, se convierte en contraorden de lo real y su referencia. Se trata, pues, de un espacio axiológico de la pintura marcado por la oposición de materia y memoria. Y no es que Susie Gadea se niegue a promover modelos establecidos en la pintura de los últimos treinta años, sino que, desde esta vertiente, lo que aparece es la transgresión como sentido y forma del arte.
La búsqueda de la artista, en este sentido, no es solamente artística, sino, y además, filosófica. Para Susie Gadea la pintura es filosofía del sentido visual. Lo que se extiende y al mismo tiempo se desprende de su obra es la levedad del signo pictórico, su propio plasma, su específico sentido. A lo que aspira la artista es al devenir germinativo del ser y a la transformación del mito de la pintura.
Para mostrar lo que se oculta bajo el dispositivo de la pintura, la artista desconstituye el registro denominado modelo-forma, estableciendo de esta manera un orden visual fundamentado en el símbolo, el eje cósmico y la visualidad pictórica. Desde allí Susie Gadea se propone el seguimiento de algunas figuras del lenguaje pictórico y su sistema, incluidos como cuerpo de una mística de la creación artística.
La relevancia de algunos artistas de la modernidad que semantizan la dematerialización del espacio (Turner, Mondrian, Kline, Stella, De Kooning) se produce entonces cuando el dispositivo plástico figural particulariza su crisis, así como el intento de sustituir el modelo por la abstracción simple. La ruptura metacultural con los modelos establecidos se produce a partir de la escisión provocada en el arte del siglo XX por la posvanguardia y su importantización del contramodelo, establecido en base a una renuncia al dispositivo composicional clásico. Tanto en Europa, como en América Latina y el Caribe, se produjo a partir de los años 40 una inflexión antropológica y filosófica de la plástica, justificada en su episteme como rebelión, pronunciamiento o des-fundamento de los ejes artísticos. En este sentido, el cambio de paradigmas visuales obligó a los nuevos artísticos a plantearse también una nueva lectura del orden visual y reconocer propuestas de transformaciones estético-visuales.
Este marco de pensamiento y creación artística hace que se produzca también la negación, las soluciones metapoéticas del lenguaje de la visión, así como nuevas gramáticas de la representación plástico-visual.
Es en esta perspectiva donde aparece, entonces, la inflexión pictórica de Susie Gadea, y, desde la misma, se reconoce la pintura como creencia, origen y concepción del mundo de la vida. Su reflexión desde el acto de pintar articula una inversión abstracta en el conjunto de su obra.
Así, en Culminación, Dando vida al viento, Emanación de la Mente y Ser todo lo que es, encontramos que la vida dinámica de la forma conecta con los índices, símbolos o cualisignos del espacio estetizado. Dicho espacio pretende ser también la expresión eidética de un pensamiento sobre la esencia del movimiento y del espacio mismo (Más allá del bien y del mal, Júbilo y Vida en armonía consigo mismo). La fluencia mìtica del contenido imaginario impone en las piezas mencionadas un modo especial de ver la pintura como orden, sentido y suplencia estético-especial.
Odalis G. Pérez
ADCA/AICA
Santo Domingo, 2001
Odalis G. Pérez es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y Vicepresidente de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte. Es doctor en filosofía por la Universidad Carolina de Praga, Director del Departamento de Crítica e Historia del Arte y Miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En 2008 fue galardonado con el Gran Premio Fradique Lizardo, por su trayectoria literaria.


