La búsqueda de lo sublime
Susie Gadea tiene una trayectoria profesional y una dedicación diferente de la mayoría de los artistas. Exitosa en el campo del diseño y la comunicación, decidió cambiar de rumbo y entregarse exclusivamente al arte, asumiendo con fe un desafío y un nuevo compromiso. Ejemplo de una "ciudadanía del mundo", nació en Perú, emigró con su familia a Australia y llegó a Santo Domingo donde reside desde hace más de 20 años. Aquí se siente feliz, integrada a un ambiente tropical acogedor, realizada en su formación intelectual, habiendo encontrado también una vía espiritual, sembrada de ideales.
La pintura es hoy su medio de comunicación para exponer a los demás una filosofía personal y convicciones adquiridas entre la meditación, la lectura y el estudio.
Su exposición individual en Casa de Bastidas propone un título a la vez misterioso, elocuente y poético: "Conexión: Ser el viento, volar a la Luz". Misterioso, porque no evoca las habituales referencias de una serie de pinturas a la exploración del mundo. Elocuente, porque ubica la obra en un incontenible idilio entre la tierra y el cielo. Poética, porque parece un verso metafísico. Creemos recordar que un poeta francés del siglo XIX definía al ser humano como: "Luz por su alma, Sombra por la materia".
Ahora bien, en los lienzos de Susie Gadea, no percibimos el acostumbrado maniqueismo del Bien y del Mal, o Eros y Tanatos simbolizados por la Luz y la Sombra. La iluminación, que brota de las pinceladas, de los destellos, de los ritmos, de las texturas, absorbe cualquier corriente negativa. Más aun, arrastra las zonas oscuras por el espacio, donde se van a disolver o reconvertir, en el todo de la armonía suprema. Al menos es lo que se siente contemplando este homenaje pictórico, reiteradamente referido a la trascendencia.
La consciencia cósmica de Susie Gadea determina su manera de pintar y su factura. Ella nos enseña un concepto singular de las estructuras, aligeradas, aéreas, casi inmateriales. Tampoco se trata de vacío, sino por el contrario de una interpretación de la plenitud a través de sutiles variaciones del pigmento y de la paleta. Las áreas grumosas, que esporádicamente animan las superficies llanas y lisas, se vuelven una metáfora de la vida y se integran perfectamente en el conjunto matérico.
En una trasmutación de la estratósfera, gamas y tonos no sólo se mediatizan sino que llegan a modificar su habitual significado. Así los verdes, ajenos aquí a la naturaleza vegetal, son un elemento cromático de la fluidez interespacial. Los colores neutros se multiplican en matices grises, pardos, rosáceos. Y por supuesto el blanco, de importancia variable según los cuadros, traduce la esperanza suprema. Lo sentimos como una difusión de lo sublime o también como una fuerza que lleva a la armonía universal, un aporte irradiante que contribuye a esa conversión visionaria.
La escisión entre lo abstracto y lo figurativo no interviene en estos escenarios, donde no cabe un planteamiento alternativo. Desprovista de modelo objetivo o de una representación cotidiana, la producción actual de Susie Gadea plasma la espiritualidad y sus emociones. Cuando la pintora habla de "abstracciones de aves en vuelo", indudablemente esas alusiones, distanciadas de cualquier figuración convencional, son una metamorfosis, "simbolo por excelencia de la libertad, de ser uno mismo a plenitud". Por cierto la artista no disocia las formas de expresión: ella domina la introspección y la palabra, como una correlación necesaria entre su obra pintada y las fuentes de inspiración.
Por otra parte, fuera de un simbolismo "dictado" por los mismos temas, no creemos que Susie Gadea adhiera a cualquier movimiento estético.
Si ella se inclina hacia el informalismo y de hecho suprime el sujeto, es que sus inquietudes por "encontrar la paz", "cruzar la frontera del temor", "trascender", "ser todo lo que es" - valores y metas que escogimos por ser títulos de algunos de sus cuadros - se transmiten mejor así. Su técnica, voluntariamente personal, se percibe como el resultado concreto de la sensación profunda y las convicciones intelectuales. No cabe duda de que este período creativo y secuencia de obras, llamada "Conexión: ser el viento, volar a la luz", es para la artista significa una catarsis... el ritual de purificación y la búsqueda de lo absoluto, que la pintura le permite traducir y transmitir.
Más que una elección, surge un encausamiento impulsado por un dictámen interior. Luego, el desarrollo pictórico futuro, si ella se dedica a tiempo completo, es algo impredecible: la entrega total y el fortalecimiento de las convicciones deberán provocar la investigación de nuevas e impactantes imágenes que la misma pintora hoy desconoce.
Marianne de Tolentino
ADCA / AICA
Santo Domingo, 2001
Marianne de Tolentino es miembro del Consejo Administrativo de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, Paris, y ex Presidente de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte. Es una de las analistas de arte más difundidas del país, ha publicado varios libros y desarrollado una amplia labor de crítica y difusión de las artes plásticas dominicanas. En 1989 recibió el Premio del Crítico Latinoamericano, otorgado por la Asociación Internacional de Críticos de Argentina.


