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Volar, en paz, a las escencias...

 

El arte ejercita los contenidos del espíritu a través de la materia. Hegel, en su libro De lo bello y sus formas recorrió la historia del arte periodizándola en tres grandes bloques que no son más que tres niveles de desarrollo del espíritu, o, mejor dicho, de la conciencia de sí mismo. Parecía correr tras el concepto - acuñado por él mismo y luego validado por la dialéctica materialista - de conciencia de sí y para sí.

De este modo, el espíritu alcanzaba el más definitivo de sus niveles de desarrollo, dejaba atrás la sobrecogedora carga material del arte clásico y del arte antiguo, para expresarse a sí mismo como esencia del alma, para borrar de su corporeidad intangible toda huella material que determinara su significado: porque ninguna materialidad puede expresarlo, contenerlo, asemejarlo, sin limitarlo. El “arte romántico”, según su periodización, sería el momento de esta espectacular liberación.

De ser así, el arte abstracto había sido anticipado, en sus esencias y rasgos más amplios y caracterizadores, por este portento de la filosofía mundial. El esfuerzo simbolista, no metafórico, de Vassili Kandinski, con sus grandes bloques de resonancias morfo-cromáticas - el trueque realizado entre valor morfo-cromático y significación - constituyeron el primer ABC de este nivel inaugural de desarrollo de un arte libertario del corpus visual de lo real asumido como objeto del sujeto. No es casual, entonces, que en la búsqueda de niveles de significación que construyeran esas resonancias que identifican realidad visual, morfología o sonoridad con los sentimientos, el arte estructurara la urdimbre de percepciones nuevas, de vivencias absolutas, que le dieron la capacidad de dialogar directamente con el alma.  El pensamiento se hizo corpóreo entonces para el arte.  La imagen dejó de ser o expresar el sentimiento. Este destiló sus emanaciones directamente sobre el arte y del arte volvió al alma, su origen y destino.

Y a este trillo, casi un siglo después, vuelven las imágenes del arte, en esta insularidad de cielos limpios y benditos, esta noche, en esta exposición de Susie Gadea abierta en el Centro Cultural Rodrigo de Bastidas. La abstracción dominicana, desde Suro en 1949 a Peña Defilló en 1963, nació marcada por lo tremebundo.  Cuajó sobre la masa dispersa de la tristeza y las oscuridades de un mundo en guerra y un país sin libertad, expresó el sentimiento por las pérdidas, los desgarramientos, la muerte y la ira. Hurgó el movimiento del alma ante el mundo cósmico que se abría a nuestros ojos en la era espacial, para constituir en emoción las referencias visuales, directas o no, a la nueva la realidad de los agujeros negros y otros fenómenos astrofísicos - asumidos como lugares sugerentes de las llamadas correspondencias y de las premoniciones, según las tipifica Carl Jung. O patentizó la heroicidad de nuestra naturaleza.

Y este es el sentido que enriquecen estas  imágenes de Susie Gadea. Sondeo, expresión y vivencia de las correspondencias entre imágenes y sentimiento cierto de plenitud espiritual; de totalidad de la libertad; de absoluta liviandad bajo el imperio del símbolo del vuelo, apenas esbozados en un blanco que juega a dejar trazos tras el símil de plumas, de alas, de huevos. Todo lo relativo a esa certeza intangible se expresa en una técnica celosa de las redundancias y las insistencias. Pintura de las sugerencias, colores de sonidos apenas susurrantes; imagenes de una realidad condensada en el cromatismo elegante que huye de lo estruendoso y de lo total, aunque contenga una impresionante diversidad de tonos y matices en su silencioso existir. El espíritu ha tomado, como correspondencia, los atributos relativos al ave; el espíritu, el alma vueve al sentimiento primigenio y vuelve a ser ave que saltará sobre los dicteamenes de circunstancias y existencias tras otro recorrido, consustanciada con su única eternidad. El ave, sin embargo, salta sobre toda materialidad para construir un sonoro y apacible espacio de metáforas, de simpleza impresionante y, a veces, por consiguiente, de limpieza y unidad estilística desconcertante y motivadora. El sentimiento de sublimidad, plenitud, apertura, libertad y éxtasis de volar sobre la vida en serenidad es lo que expresan estas imágenes y es la resonancia que imprimen en nuestras almas...

Ignacio Nova
ADCA/AICA

Santo Domingo, 2001

 

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Ignacio Nova es miembro de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte y de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte.  Es asesor cultural y Director de Contemporanía.